Poco y nada se dijeron, solo se miraron, y esa mirada dió pie para volverse a entregar.
Sería Marin, seria Amunategui, sería grajales, no lo sabian, solo sabian que sería...
Seguian sin decir nada, ella no quería contar, él no sabía si era lo correcto, pero lo deseaba.
Un beso cerro todas las culpas, y ese beso se convirtió en caricia, esa caricia se convirtio en una blusa menos, una camisa menos, y de esa ropa menos ya no había tiempo de arrepentirse, ya estaban ahí, ya era parte de ese silencio, ese que ambos sabian no debían romper.Las sábanas dieron fé de esa pasión que a pesar de todo no estaba perdida, no se había quebrado, ahí quedo impregado su olor, sus caricias, su amor más silencioso, su opaco reencuentro.
Sin música de fondo, cuando ella despertó sintio que no había nada por hacer, que ya solo quedaba eso, no hubieron te amos, no hubieron palabras lindas, solo quedaba esa pasión que la hacia sentir estúpida, tonta, quizas la peor de todas.
Se levanto sin que el lo notara y se fue.
Caminaba por adoquines sin mirar atrás, decidio no recordar esa tarde, decidio dejar todo atrás, desde ese día todo era parte del pasado.
Y allá en ese lugar, quedó el, amandola, deseandola aún más, el arrepentido.
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