Los recuerdo muy bien, el café, su vapor, el frío, la música y mis sentidos.
Cada noche, estaba allí, intacta e inmóvil. Me gustaba sin duda estar allí.
Y cada palabra que salia se convertía en verso y cada verso en mi escrito favorito. Y de cada escrito recordaba y pensaba y lo hacía mio y jamás lo he olvidado.
Aunque ya nada de lo que hice que me queda, recuerdo como si fuese ayer aquellos momentos, en que nadie era mio y yo no era de nadie, tan solo mi café y mis palabras, las canciones que oía y que cada segundo hacia mía y tan mía.
Hoy me gusta recordar porque es lo más hermoso que tengo en mi mente, recordar, el pasado que es de cada uno y es tan valioso, recuerdo y vuelvo a mi niñez y recuerdo el olor que me hace volver tan cerca de mis pequeños años.
Ahora muchas cosas han cambiado, pero sigo sintiendo ese olor a café.
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